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La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que el tabaco es la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo. Y supone el principal factor de riesgo de cáncer que podemos evitar. De hecho, existen hasta 20 tipos de cáncer asociados al consumo de tabaco. Sin embargo, una de cada tres personas fuma a diario y cuatro de cada diez personas fumadoras no se plantean dejar este hábito. Por ello, buscar medidas contra el tabaquismo resulta clave para la prevención del cáncer, también con los nuevos dispositivos para fumar que triunfan entre los jóvenes.

El uso de nuevos dispositivos para fumar, como los vapeadores y cigarrillos electrónicos, se ha expandido con rapidez, acompañados de la falsa idea de que pueden resultar una alternativa para dejar de fumar. Sin embargo, se ha demostrado que pueden ser la entrada hacia el consumo de tabaco. Pocas personas fumadoras acaban sustituyendo por completo el consumo de tabaco por el vapeo y rara vez este cese es definitivo.

Los cigarrillos electrónicos se comenzaron a comercializar en 2016, por lo tanto, no existen estudios que investiguen sus efectos a largo plazo. Aunque, se puede afirmar que tienen efectos perjudiciales a corto plazo. De hecho, se han encontrado sustancias cancerígenas en los líquidos y aerosoles que utilizan.

Se ha tratado de asociar estos productos con la idea de que el vapor de agua es inocuo. Pero debemos ser conscientes de que estos productos no generan vapor, sino aerosol que, al inhalarse, puede quedarse en nuestros pulmones.

Además, se sabe que emiten nicotina y sustancias cancerígenas, lo que supone un riesgo por exposición pasiva. Existe la posibilidad de que estos productos puedan no contener nicotina, pero eso no los excluye de las sustancias nocivas que liberan.

Los cigarrillos electrónicos vapeadores o vaporizadores son dispositivos alimentados por baterías para calentar líquidos y obtener un aerosol que se puede inhalar. Este aerosol puede contener nicotina, saborizantes y toxinas (algunas cancerígenas).

Su uso está muy extendido entre la población más joven, quienes, en muchos casos, combinan los cigarrillos electrónicos con el consumo de tabaco. La ‘Encuesta sobre el uso de drogas en enseñanzas secundarias en España‘ (ESTUDES), de 2022, señala el consumo de cigarrillos electrónicos entre estudiantes de 14 a 18 años es el 22,8 %. En 2021, solo un 8,5 % de quienes habían fumado cigarrillos electrónicos manifestaban su intención de reducir el consumo de tabaco o, incluso, de dejar de fumar. Este informe también asegura que “más del 77 % de los y las estudiantes que han fumado tabaco reconocen haber vapeado”.

Por lo tanto, yo me pregunto, ¿nos está funcionando para dejar de fumar o todo lo contrario, está fomentando el tabaco y perjudicando aún más la salud de la gente?

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